variables que inciden en la creación musical. Borges-Rey, Fram y Dahl coinciden en darle un lugar al ruido como espacio
potencial de interferencias y equívocos entre creadores y consumidores de música.
Para el caso de Circularidad en la creación y continuidad del éxito musical* (Oyola Pérez 2010), aunque el modelo se
muestra en apariencia circular, el flujo de información se presenta como un continuo lineal que va desde la creación
hasta la identificación, pasando por fases intermedias como la apropiación y la rearticulación. Pese a esta linealidad,
presenta dos características que sirven como bisagra en esta discusión: por una parte, expone cómo el final de la
cadena musical activa otra cadena nueva; por otra, entiende los componentes como instancias en vez de actores: no
se habla de el creador sino de la creación, de manera que no se mencionan personas sino etapas.
En cuanto a lo primero, Oyola Pérez recalca el final de la cadena musical como el punto de inicio para una nueva
cadena. Pese a que esta es una táctica de la que el autor se sirve para entender el fenómeno de las versiones —
covers—, es extrapolable para toda la música: compositores que emplean los resultados (artísticos, comerciales,
gremiales) de sus obras previas como insumo para sus nuevas creaciones, adaptando estructuras, timbres o recursos
según las reacciones previamente obtenidas.
Ese bucle que reconecta la recepción de la obra con los compositores, los productores o los ejecutantes no aparece
en los demás modelos, salvo en el de Porta Navarro (2007), representado allí por la circularidad de mundo y
pensamiento que matiza el encuentro entre las músicas públicas y las escuchas privadas. En los demás esa iteración
puede estar implícita pero no es objeto de las reflexiones, lo cual insinúa que la idea de comunicación musical más
generalizada en los trabajos es la que la asocia con difusión, divulgación y transmisión.
Un segundo aspecto en el que el modelo propuesto por Oyola Pérez (2010) actúa como bisagra para esta exposición
es el hecho de nombrar los componentes desde la consideración de instancias y no de personas. Por ejemplo, al hablar
de creación se apela a este momento como un proceso, y abre la posibilidad a entender que, más que una mente
encargada de crear la música, hay un tejido relacional que participa: se trata no solo de otras personas que están
influyendo en la creación musical (productores, managers, seguidores, medios de comunicación, etcétera) sino del
contexto social, las agendas de discusión pública, las sensibilidades y preferencias que en un momento u otro van
apareciendo y desapareciendo. Al despersonalizar los componentes de su modelo, se quita de vista a los sujetos
(compositor, intérprete, consumidor) y se apela a las dinámicas: creación, apropiación, identificación.
En conjunto, los modelos diacrónicos se interesan por la transformación de la música, enfocan el encadenamiento de
prácticas en virtud del cual los actores del hecho musical cumplen determinados roles, y consideran sus
participaciones.
4.2. Comunicación musical: lectura sincrónica
Si en la diacronía se estudia sobre una idea de línea de tiempo en la que la obra se va transformando, en la sincronía
se toman aquellas instancias que permanecen invariables a lo largo del tiempo: las dimensiones del hecho musical. Así
ocurre en el modelo SMAR (Harwood and Wallace 2022), donde el compromiso relacional se alimenta de la actividad
de compartir música, los efectos de la música y las secuelas comunicativas, pero no se indica cuál de estas se produce
primero. La organización del modelo a través de componentes aparece también en Triangulación de la interpretación
(2019), el cual abstrae tres dimensiones en el proceso comunicativo que se modula mediante la actuación musical:
personas (intérpretes y oyentes), producto e interpretación. Además, al recalcar los elementos que se activan en cada
caso, el modelo esclarece aquello que siempre sucede en la actuación musical, lejos de que en cada caso particular
ocurre de manera diferente: las creencias y los significados, la conversión de lo sígnico a lo simbólico, y la relación
entre la obra y su capacidad de expresión.
En Expresión gráfica de la teoría Jankélévitch (2019) hay algo similar: la obra —casi- todo— se mueve pendularmente
entre dos orillas de la casi-nada: aquella en la que serpentea el acto de composición y aquella en la que ocurre el