
Per Musi | Belo Horizonte | v.26 | General Section | e252613 | 2025
Vásquez, Miguel Farías. “Narrativas sin palabras: trascendiendo el exotismo musical en Guatemotzín de Aniceto Ortega”
A pesar de esta condición de ‘amateur’ (según los estándares profesionales modernos), Ortega desarrolló
una notable carrera musical: fundó la Sociedad Filarmónica Mexicana (antecedente del Conservatorio
Nacional), compuso importantes obras para piano como Marcha Zaragoza e Invocación a Beethoven, y llegó
a ser considerado uno de los músicos más destacados de su generación (Stevenson 2014).
El proceso de creación de Guatemotzín estuvo marcado por circunstancias particulares que afectaron su
estructura final. Como el propio Ortega confesó en una entrevista con Alfred Bablot, la obra fue compuesta
"por pequeños fragmentos, cada vez que tenía un momento de libertad" entre sus obligaciones médicas. El
libreto inicialmente iba a ser escrito por José Tomás de Cuellar, pero ante la enfermedad de éste, Ortega
asumió también esta tarea:
El Guatimotzin lo escribí por pequeños fragmentos, cada vez que tenía un momento de
libertad, y por eso no cesaré de repetir que es un bosquejo informe, trunco, inacabado, que
tal vez concluiré y puliré algún día, cuando mis enfermos me lo permitan [...] el pobre Pepe
[referencia a José T. de Cuellar] enfermó al comenzarlo; tuve que improvisarme poeta por
fuerza; formé el esqueleto de la pieza; escribí los primeros versos entre visita y visita; apunté
el primer coro al salir de mi clínica; el aria de Cuauhtémoc, mientras almorzaba, el dúo en mi
cama, a las doce o la una de la noche; y de la misma manera que comencé la obra, tuve que
concluirla; esto es, a ratos perdidos, con mil interrupciones, abrumado de cansancio, a veces
enfermo o desvelado, preocupado constantemente con mis enfermos, alternando un trozo
de instrumentación con la redacción de las observaciones que hago cada día en la Maternidad,
o con el estudio de un fenómeno de espectroscopia. [...] El maestro Moderatti me pidió
Guatimozin para su beneficio; apenas llegaba yo a la mitad del acto, no me quedaban ya más
que ocho días; tuve que trabajar con festinación y de ahí nacen mil imperfecciones. No pude
desarrollar la acción conforme lo tenía previsto y tampoco me alcanzó el tiempo para escribir
las partes de orquesta. (Bablot 1871)
Estas circunstancias explican parcialmente la estructura episódica de la obra, conformada por nueve escenas
que presentan situaciones discretas en torno a Cuauhtémoc como prisionero de Cortés, sin desarrollar una
línea argumental continua. Sin embargo, como argumentaremos, es precisamente esta estructura
fragmentaria la que permite a Ortega desarrollar contrastes musicales significativos entre los personajes
principales y sus respectivos mundos culturales, reforzando así la narrativa musical y sonora, por sobre la
literaria.
Guatemotzín se estrenó el 13 de septiembre de 1871 en el Gran Teatro Nacional, dirigida por Enrico
Moderatti, como parte de las conmemoraciones por los 350 años de la caída de Tenochtitlan. La recepción
inicial fue positiva, aunque la obra nunca volvió a representarse completa en vida del compositor, un destino
compartido por muchas óperas mexicanas del período. La obra, con libreto de José Cuéllar, presenta en un
solo acto el episodio final de la resistencia mexica frente a la conquista española, centrado en la figura del
último emperador azteca, Cuauhtémoc. Ambientada en Tenochtitlan poco antes de su caída definitiva, la
acción gira en torno al dilema del joven monarca, enfrentado a la invasión extranjera y a las traiciones
internas. Guatemotzín se muestra decidido a defender su pueblo hasta las últimas consecuencias, a pesar
del sufrimiento personal y de la presión de sus consejeros. La ópera culmina con su captura por las fuerzas
de Hernán Cortés y el célebre episodio de la tortura, en el que se le exige revelar el paradero del tesoro