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eISSN 2317-6377
A linha de baixo nos ritmos do sul do Brasil: proposi es
pr ticas, te ricas e suas aplica es no contrabaixo
ac stico
The ba li e i he h hm f S he B a il: ac ical a d he e ical
al a d i a lica i he d bleba
Ma he Me i a Pa ali1
matheuspasquali89@gmail.com
Leona do Pie ma i i1
1U i e idade d E ad de Sa a Ca a i a, CEART, Fl ia li , Sa a Ca a i a, B a i
ARTIGO CIENT FICO
Editor de Se o: Fe a d Chaib
Editor de Layout: Fe a d Chaib
Licen a: "CC b 4.0"
Data de submissão: 10 set 2024
Data final de aprovação: 27 out 2024
Data de publicação: 02 jan 2025
DOI: https:/ / doi.org/ 10.35699/ 2317- 6377.2025.54497
RESUMO: E e a ig e ma a li e da li ha de bai g e da mil ga e em i m imila e ,
ca ac e ic da egi l d B a il, a lica d - a c abai . C ide a- e a e a a ec ic
a a a b e de ma idade a iada, ma amb m a ec c cei al de e g e , e
dial gam c m c cei de cla e e mica adi i a. F i fei a ma a li e b e a cla e ada e e g e ,
e e a ame e a me ma e c ada em e il , ge i d ma el igem af ica a c m m.
E e m abalh i f mad ela ica, de m d a e a ici c m m ic c idad em
e f ma ce c m g Q a e C a de P , g e eciali ad e e i li , ediad em Lage -
SC. F i eali ada ma e e i a c m m ic J Gab iel R a, e amb m c m a ilh a e ce e e
ica . Ne e a ig e i cl da a c i e e a li e de ech de b a de e e e i a a c b a
a c cl e le a ada .
PALAVRAS-CHAVE: Ri m li ; R mica adi i a; M ica; C abai .
ABSTRACT: Thi a icle e a a al i f ba li e i he mil ga ge e a d imila h hm , cha ac e i ic
f he he egi f B a il, a l i g hem he c aba . N l he ac ical a ec f b ai i g a
a ia e d i c ide ed, b al he c ce al a ec behi d he e ge e , hich dial g e i h he
c ce f cla e a d addi i e h hm. A h hmic a al i a made f he claff f h e ge e , hich a e e ac l
he ame a h e f d i he le , gge i g a ible c mm Af ica igi . Thi i a k i f med b
ac ice, he e e f he a h a ici a ed a a g e m icia i e f ma ce i h he g Q a e
C a de P , a g eciali ed i he e e i e, ba ed i Lage -SC. A i e ie a ca ied i h
m icia J Gab iel R a, h al ha ed hi e ce i . Thi a icle i cl de a c i i a d a al e f
e ce f m k f m hi e e i e c b a e he c cl i ai ed.
KEYWORDS: S he h hm ; Addi i e h hmic; M ic; D bleba .
Per Musi | Belo Horizonte | v.26 | Gene al To ic |e252602 | 2025
Adaptación pedagógica desde las subdimensiones
de la Inteligencia Musical
Pedagogical adaptation from the sub-dimensions of Musical Intelligence
Rafael Guzmán Barrios1
rafael.guzman@unir.net
Vicenta Gisbert Caudeli2
1 Universidad Internacional de La Rioja, España
2 Universidad Autónoma de Madrid, Departmento Interfacultativo de Música, Madrid, España
ARTÍCULO CIENTÍFICO
Jefe de Sección: Fernando Chaib
Redactor de maquetación: Fernando Chaib
Licencia: "CC by 4.0"
Fecha de Sumbimissón: 19 nov 2025
Fecha final de aprobación: 17 dec 2025
Fecha de Publicación: 07 ene 2026
DOI: https://doi.org/10.35699/2317-6377.2026.62922
RESUMEN: Este estudio, enmarcado en la teoría de las inteligencias múltiples de Gardner, aborda la escasa aplicación pedagógica
de la inteligencia musical mediante una tipología funcional que conecta teoría y práctica educativa y compositiva. A través de una
metodología cualitativa teórico-analítica y exploratoria, se revisó literatura en bases de datos indexadas y se integró experiencia
docente en composición. El análisis de contenido permitió identificar cinco subdimensiones de la inteligencia musical melódica,
armónica, rítmica, tímbrica y morfológica que describen modos específicos de organización del lenguaje musical y orientan
estrategias didácticas adaptadas a distintos perfiles de aprendizaje. Sustentado en fuentes neurocientíficas, psicológicas y
pedagógicas contemporáneas, el modelo propuesto ofrece un marco funcional para comprender la inteligencia musical y apoyar
la enseñanza, la evaluación y la creación. Aunque aporta herramientas conceptuales útiles, requiere validación empírica.
PALABRAS CLAVE: Inteligencia musical; Educación musical; Composición musical; Adaptación Pedagógica; Neuroeducación.
ABSTRACT: This study, framed within Gardner's theory of multiple intelligences, addresses the limited pedagogical application of
musical intelligence through a functional typology that connects educational and compositional theory and practice. Using a
qualitative, theoretical-analytical, and exploratory methodology, literature was reviewed in indexed databases, and teaching
experience in composition was integrated. Content analysis identified five subdimensions of musical intelligencemelodic,
harmonic, rhythmic, timbral, and morphologicalthat describe specific modes of organizing musical language and guide teaching
strategies adapted to different learning profiles. Based on contemporary neuroscientific, psychological, and pedagogical sources,
the proposed model offers a functional framework for understanding musical intelligence and supporting teaching, assessment,
and creation. While it provides useful conceptual tools, it requires empirical validation.
KEYWORDS: Musical inteligence; Musical Education; Musical Composition; Pedagogical Adaptation; Neuroeducation.
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1. Introducción
La inteligencia musical, incluida por Howard Gardner (1983) en su influyente teoría de las inteligencias
múltiples (Emst-Slavit 2001), ha sido entendida desde sus orígenes como la capacidad de discriminar,
percibir, expresar y transformar estructuras musicales. Sin embargo, a medida que esta noción ha sido
contrastada con evidencias provenientes de la neurociencia, la pedagogía o la psicología cognitiva, ha
quedado claro que no se trata de una facultad única ni monotica. Por el contrario, se presenta como un
fenómeno complejo, multidimensional y profundamente imbricado con otros dominios de la inteligencia
humana, como el lenguaje, el movimiento corporal o la afectividad (Blasco-Magraner et al., 2021; García-
Vélez and Maldonado Rico 2017; Joung 2013).
El problema que motiva este estudio radica en la persistente ambigüedad con que la inteligencia musical ha
sido tratada en los ámbitos educativo y teórico. A pesar de su frecuente mención en la literatura (Barrera
2024; Emst-Slavit 2001; Silva-Herrera et al., 2025) y en los programas formativos, suele abordarse como una
categoría genérica y poco operativa, sin una definición funcional que permita su aplicación efectiva en la
enseñanza o la evaluación musical. En la práctica educativa, esta carencia se traduce en metodologías
uniformes que no reconocen las diferencias individuales en la manera en que los estudiantes comprenden,
organizan y producen la música.
La relevancia pedagógica del presente artículo reside en ofrecer una herramienta conceptual y práctica que
permita describir y atender esa diversidad cognitiva dentro del aula. Desde una metodología cualitativa, de
carácter teórico-analítico y exploratorio, se desarrolla una revisión bibliográfica complementada con
observación docente en contextos de composición y análisis musical. El propósito es construir un modelo
preliminar de subdimensiones de la inteligencia musical melódica, armónica, rítmica, tímbrica y
morfológica que facilite la comprensión de los distintos modos de organización del pensamiento musical
y su traducción pedagógica.
En consecuencia, este trabajo se plantea como un aporte teórico y pedagógico, orientado a superar la visión
unitaria de la inteligencia musical y a comprenderla como un conjunto de competencias interrelacionadas y
dinámicas. Desde esta perspectiva, su objetivo es comprender la inteligencia musical y apoyar la enseñanza,
la evaluación y la creación, contribuyendo a un marco conceptual que enriquezca tanto la teoría de Gardner
como su aplicación en los contextos educativos y artísticos contemporáneos.
2. Marco Teórico
2.1. Inteligencia musical en H. Gardner
La inteligencia musical fue incorporada por Howard Gardner (1983) dentro de su teoría de las inteligencias
múltiples como una forma específica de competencia cognitiva, definida como la capacidad de percibir,
discriminar, transformar y expresar formas musicales. Esta formulación supuso una ruptura con el paradigma
psicométrico tradicional centrado en la inteligencia única y cuantificable. Posteriormente, Gardner (1998,
2011) amplió su propuesta al incluir otras inteligencias lingüística, espacial, corporal-kinestésica,
interpersonal, intrapersonal, entre otras, abriendo el camino hacia una comprensión plural del
pensamiento humano.
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En el ámbito musical, diversos autores han profundizado, matizado o cuestionado la formulación original.
García-Vélez and Maldonado-Rico (2017) sostienen que la inteligencia musical abarca no solo la ejecución y
la composición, sino también competencias como la escucha activa, la sensibilidad al timbre, la organización
rítmica y la capacidad analítica. Estos autores coinciden en que dicha inteligencia opera como un sistema de
integración cognitiva y emocional, en línea con la visión holística de Gardner.
No obstante, la teoría no ha estado exenta de críticas y reformulaciones. Sternberg (2021), desde su teoría
de la inteligencia exitosa, plantea que la inteligencia musical debe entenderse en interacción con procesos
creativos, analíticos y prácticos, no como una facultad autónoma. Para este autor, lo musical implica la
resolución de problemas, la toma de decisiones y la expresión estética dentro de contextos concretos, más
que un talento aislado. Este planteamiento amplía la noción de Gardner al situar la inteligencia musical en
una red dinámica de competencias cognitivas aplicadas.
2.2. Perspectivas neurocientíficas en relación a la inteligencia musical
Los avances en neurociencia cognitiva han reforzado la comprensión de la inteligencia musical como un
fenómeno multisistémico. Investigaciones de Levitin (2014), Hodges (2000) y Meza-Rico and Ammetto
(2017) han mostrado que la experiencia musical activa una red distribuida de regiones cerebrales corteza
auditiva, cerebelo, hipocampo y áreas prefrontales, implicando tanto estructuras corticales como
subcorticales. Esta evidencia confirma que la inteligencia musical no se localiza en una única región cerebral,
sino que resulta de la cooperación entre sistemas perceptivos, motores, emocionales y ejecutivos.
En esta línea, Meza-Rico and Ammetto (2017) destacan que la práctica musical favorece el desarrollo de la
memoria de trabajo, la atención sostenida y la planificación temporal, vinculando la inteligencia musical con
habilidades cognitivas superiores. A su vez, Duman (2010) y Silva (2023), desde el paradigma de la whole
brain education, demuestran que la estimulación musical contribuye al equilibrio entre hemisferios
cerebrales, promoviendo aprendizajes que integran lo racional, lo afectivo y lo motriz.
Estas aproximaciones neurocientíficas han transformado la visión pedagógica: la música ya no se entiende
como un entrenamiento cnico, sino como un catalizador del desarrollo cerebral global. El carácter
distribuido de las redes neuronales implicadas en la experiencia musical justifica el abordaje de
subdimensiones diferenciadas melódica, armónica, rítmica, tímbrica y morfológica, pues cada una activa
combinaciones particulares de circuitos sensoriales y cognitivos.
2.3. Enfoques pedagógicos y educativos en relación a la inteligencia musical
El impacto de la teoría de Gardner en la educación musical ha sido profundo. Autores como Campbell et al.,
(1999) integraron la inteligencia musical en modelos de enseñanza que buscan atender la diversidad
cognitiva del aula, fomentando estilos de aprendizaje diferenciados. Investigaciones recientes, como la de
Ribeiro-Daquila (2023), han demostrado que la instrucción musical adaptada mejora la pronunciación y la
prosodia en la enseñanza de lenguas extranjeras, reforzando la interrelación entre las inteligencias musical
y lingüística.
Zybert and Stępień (2009) confirman esa correlación, al mostrar que la sensibilidad musical potencia la
memoria auditiva y la percepción fonológica. Estos resultados sugieren que la inteligencia musical puede
operar como mediadora de otros aprendizajes, fortaleciendo la transferencia intermodal.
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Desde el plano metodológico, el enfoque de Sternberg and Kibelsbeck (2022) reinterpreta el aprendizaje
musical como un proceso de resolución de problemas, donde lo compositivo, lo interpretativo y lo analítico
se integran. Frecuentemente partiendo del modelado del pensamiento musical desde el filtrado sonoro
como muestran Puentes et al., (2024). Este enfoque coincide con propuestas pedagógicas contemporáneas
(Lazarenko et al. 2019; Sustwillo 2016), que abogan por una enseñanza musical inclusiva y funcional,
orientada al desarrollo de competencias observables y situadas.
En suma, la literatura educativa contemporánea reivindica una concepción plural de la inteligencia musical,
entendida como un entramado de saberes prácticos, reflexivos y expresivos que se manifiestan en perfiles
cognitivos diversos. Ello justifica el diseño de estrategias pedagógicas basadas en las subdimensiones
musicales diferenciadas, las cuales permiten atender con mayor precisión las formas individuales de
pensamiento y creatividad sonora desde la adquisición de competencias y en disminución de la
competitividad entre iguales (Domínguez-Lloria et al. 2025).
2.4. Vacíos en la literatura en relación a la inteligencia musical
A pesar de los avances conceptuales y empíricos, persisten importantes vacíos teóricos en la comprensión
de la inteligencia musical. En primer lugar, la mayoría de los estudios se centran en las dimensiones melódica,
rítmica y armónica, relegando el timbre y la forma a un segundo plano. Las investigaciones de McAdams
(2013) y Hailstone et al. (2009) muestran que el timbre cumple una función cognitiva y emocional esencial,
pero su tratamiento en la pedagogía musical sigue siendo marginal. Del mismo modo, la llamada inteligencia
morfológica relacionada con la comprensión de estructuras musicales amplias apenas ha sido teorizada,
a pesar de su relevancia en la composición y el análisis formal (Sternberg and Kibelsbeck 2022).
Otro vacío reside en la falta de instrumentos empíricos que permitan validar las distintas manifestaciones
de la inteligencia musical (Attwood 2022). Si bien la teoría de Gardner ha sido ampliamente aplicada, su
operacionalización en contextos musicales concretos sigue siendo limitada (Chapman 2023; Ni et al., 2024).
Tampoco existe consenso sobre la interacción entre las subdimensiones musicales y otras inteligencias
(lingüística, espacial o interpersonal), cuestión que demanda estudios interdisciplinares de mayor alcance.
Finalmente, la literatura aún carece de un modelo integrador que combine la evidencia neurocientífica con
la praxis educativa y la experiencia musical vivida. La propuesta tipológica que plantea este artículo busca
responder a este vacío, ofreciendo una estructura conceptual que articule lo teórico con lo pedagógico y lo
perceptivo, y que permita futuras validaciones empíricas.
2.5. Adaptación funcional de la inteligencia musical
A partir del recorrido teórico realizado, se propone concebir la inteligencia musical como un conjunto de
subdimensiones interdependientes, que se manifiestan de manera diferenciada según el perfil cognitivo y
expresivo del individuo. Estas dimensiones representan modos específicos de organizar, comprender y
producir el fenómeno musical.
Las cinco inteligencias musicales diferenciadas que se proponen son:
Inteligencia melódica: relacionada con la memoria tonal, la organización de alturas y la identificación
de motivos musicales.
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Inteligencia armónica: orientada a la percepción de relaciones verticales, funciones tonales y
fenómenos de tensión y resolución.
Inteligencia rítmica: vinculada a la coordinación temporal, el sentido del pulso, la métrica y el fraseo.
Inteligencia tímbrica: centrada en la discriminación del color sonoro, el reconocimiento de
combinaciones instrumentales y matices expresivos.
Inteligencia morfológica o estructural: asociada a la comprensión de formas musicales,
macroestructuras y procesos de desarrollo temático.
A continuación, se presenta una síntesis comparativa (Tab 1) que ilustra el alcance conceptual y pedagógico
de cada subdimensión:
Tab. 1 Subdimensiones de la Inteligencia Musical
SUBDIMENSIÓN
DEFINICIÓN / FOCO
COMPETENCIAS CLAVE
EJEMPLOS
CULTURALES /
HISTÓRICOS
APLICACIONES
PEDAGÓGICAS
MELÓDICA
Organización de
alturas y memoria
tonal
Reconocimiento de
motivos, entonación
precisa, variaciones
melódicas
Mozart, Schubert;
tradición del raga
(India)
Dictados
melódicos,
improvisación
vocal, análisis
temático
ARMÓNICA
Comprensión de
relaciones verticales
del sonido
Identificación de
acordes, progresiones,
tensiones/resoluciones
Bach, Chopin,
Debussy,
Schoenberg
Armonización,
análisis funcional,
improvisación
armónica
RÍTMICA
Organización
temporal de la
música
Sentido del pulso,
subdivisiones,
polirritmia,
coordinación motora
Stravinsky, Bartók;
polirritmia
africana; konnakol
indio
Ejercicios de
percusión corporal,
análisis métrico,
ensambles rítmicos
TÍMBRICA
Discriminación y
organización del
color sonoro
Reconocimiento de
combinaciones
instrumentales,
sensibilidad expresiva
Debussy, Varèse,
Saariaho; gamelán
balinés
Diseño sonoro,
experimentación
tecnológica,
orquestación
MORFOLÓGICA
(ESTRUCTURAL)
Comprensión de
macroformas
musicales
Anticipación de
secciones, planificación
estructural, lógica
narrativa
Beethoven, sonata
clásica; estructuras
de rondó
Análisis formal,
composición guiada
por esquemas,
planificación de
obras
Referencia: elaboración propia
3. Metodología
El presente estudio se enmarca en el ámbito de la enseñanza superior de la música, aplicable en materias
con un enfoque teórico y práctico. Se inscribe en un enfoque cualitativo, de naturaleza teórico-analítica y
con una orientación exploratoria. No busca comprobar una hipótesis mediante datos cuantitativos, sino
revisar críticamente el concepto de inteligencia musical en el marco de la teoría de las inteligencias múltiples
de Gardner, con el fin de proponer una tipología inicial que facilite su identificación y su futura aplicación en
contextos pedagógicos, creativos y evaluativos.
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El proceso metodológico se articuló en tres líneas de trabajo complementarias. La primera consistió en un
estudio analítico de la literatura existente sobre la inteligencia musical y sus relaciones con otras formas de
inteligencia, así como sobre sus fundamentos neurocientíficos, pedagógicos y cognitivos. Este trabajo no se
presenta como una revisión sistemática ni pretende cumplir con el protocolo PRISMA, sino como una
revisión teórico-analítica de carácter exploratorio, orientada a la construcción conceptual. Este análisis
bibliográfico abarcó desde las obras fundacionales de Gardner (1983, 1998, 2011) hasta desarrollos más
recientes como los de Sternberg (2021), Levitin (2014) o Ribeiro-Daquila (2023), incluyendo tanto
estudios teóricos como investigaciones empíricas relevantes abordadas desde distintas perspectivas
disciplinares. Para la selección de fuentes se aplicaron criterios de inclusión rigurosos: se priorizaron
publicaciones académicas indexadas de reconocido impacto (en inglés y en español), obtenidas a través de
bases de datos especializadas (Web of Science, Scopus, ERIC, SciELO) y que ofrecieran resultados o enfoques
significativos sobre el tema. Asimismo, se aseguró una visión interdisciplinaria integrando contribuciones de
campos diversos como la neurociencia, la musicología, la pedagogía musical, la psicología del desarrollo e
incluso la inteligencia artificial aplicada a la música.
En segundo lugar, el estudio se apoyó en la experiencia docente prolongada en el ámbito de la composición
y el análisis musical. La experiencia docente se asume aquí como una forma válida de producción de
conocimiento, basada en la reflexión sistemática sobre la práctica (Elliot 1993). A lo largo de años de práctica
educativa, el aula proporcionó un espacio privilegiado para observar sin que mediara inicialmente un
objetivo formal de investigación la aparición de perfiles musicales diferenciados entre el alumnado. Aunque
no se diseñó como un estudio empírico estructurado, esta práctica pedagógica sirvió como fuente
longitudinal de observación cualitativa. De forma paulatina se recopilaron observaciones y reflexiones
docentes (mediante diarios de campo, notas de clase y análisis personales). Para minimizar sesgos
personales, estas fuentes fueron sometidas a triangulación interna, a una revisión temática iterativa y a un
contraste sistemático con el marco teórico y con los datos recogidos posteriormente. Sus aportes se
sistematizaron analíticamente para nutrir la construcción conceptual de la tipología propuesta. Por ejemplo,
Rodríguez-Quiles (1998) subraya que, al ser la educación musical un ámbito eminentemente práctico, la
indagación cualitativa permite analizar la realidad del aula para diseñar intervenciones pedagógicas más
eficaces, y que el docente puede convertirse a la vez en investigador al develar las teorías que guían su
práctica. El mismo autor señala que un enfoque cualitativo exhaustivo posibilita afrontar de manera integral
los múltiples frentes que presenta la compleja experiencia musical humana, lo cual refuerza la pertinencia
de este tipo de estudio. Cabe adir que la inmersión prolongada en el contexto educativo (es decir, la
permanencia prolongada en el campo) se reconoce como un criterio clave para incrementar la credibilidad
de los hallazgos cualitativos en investigaciones de esta naturaleza.
En tercer lugar, se llevó a cabo un análisis de contenido inductivo para agrupar patrones recurrentes en las
funciones atribuidas a la inteligencia musical a lo largo de la literatura consultada. Este procedimiento
permitió identificar cinco ejes estructurales del lenguaje musical melodía, armonía, ritmo, timbre y
forma que aparecían reiteradamente como competencias diferenciadas, aunque interrelacionadas, en las
distintas fuentes analizadas.
Cabe aclarar que, si bien el presente trabajo no se apoya en datos empíricos primarios, su solidez conceptual
ha buscado garantías mediante la base documental amplia y diversa antes descrita. En este sentido, más que
ofrecer una conclusión definitiva, el estudio presenta una propuesta abierta y en desarrollo, cuya validez
deberá ser contrastada a través de investigaciones posteriores. De hecho, se abre la puerta a futuras
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indagaciones empíricas que enriquezcan y pongan a prueba el modelo aquí planteado. Por ejemplo, la
tipología de inteligencias musicales diferenciadas propuesta podría examinarse mediante estudios de caso,
estrategias de evaluación diagnóstica, entrevistas en profundidad con docentes y estudiantes, observaciones
de corte etnográfico en el aula, o incluso a través de metodologías mixtas que combinen enfoques
cualitativos y cuantitativos en contextos reales de aprendizaje musical.
4. Resultados
Del análisis teórico y la observación experta realizadas en este estudio surge una tipología preliminar de
inteligencias musicales diferenciadas. Lejos de constituir compartimentos rígidos, estas categorías ofrecen
un marco más detallado y funcional para comprender las múltiples manifestaciones de la inteligencia musical
en contextos diversos. La música, como lenguaje complejo, se articula en varias dimensiones
interrelacionadas, y aquí se identifican cinco de ellas como ejes de competencias específicas: la melódica, la
armónica, la rítmica, la tímbrica y la morfológica. Cada dimensión representa una forma particular de ser
musicalmente inteligente, reconocible en hallazgos de la literatura especializada y en patrones observados
en la práctica educativa.
La inteligencia melódica se advierte en sujetos con especial sensibilidad hacia las relaciones tonales y el
desarrollo temático lineal. Ciertos estudiantes, por ejemplo, destacan por captar y reproducir frases
melódicas con facilidad, entonar con precisión e identificar modulaciones sutiles, algo evidente en contextos
como el canto coral, el dictado musical, la improvisación vocal o el análisis de motivos temáticos, donde la
línea melódica lleva el peso del discurso. Desde la neurociencia, se ha comprobado que la percepción de
secuencias melódicas activa regiones auditivas y de memoria en el cerebro (Levitin 2014), lo que sugiere que
la memoria tonal involucra componentes emocionales y narrativos además de los puramente auditivos.
Asimismo, la interiorización melódica resulta crucial para la comprensión consciente de la música y para la
creatividad compositiva, al permitir prever, evocar y transformar frases musicales en tiempo real (García-
Vélez and Maldonado-Rico 2017). La prominencia de esta dimensión se ilustra en creadores reconocidos por
la claridad y expresividad de sus melodías como Mozart o Schubert en la tradición occidental y en prácticas
no occidentales donde la melodía cumple funciones identitarias y comunicativas (por ejemplo, los sistemas
raga de la India o maqam del Medio Oriente, con sus afinaciones y ornamentaciones propias que requieren
una inteligencia melódica contextualizada). Estos ejemplos muestran que la inteligencia melódica trasciende
entornos culturales diversos y se manifiesta como una forma particular de codificar y expresar el
pensamiento musical a través del tiempo.
Por su parte, la inteligencia armónica se refiere a la capacidad de comprender y gestionar la dimensión
vertical del sonido, es decir, la combinación simultánea de notas en acordes y sus relaciones. Supone una
forma de pensamiento musical analítico y abstracto (Sternberg 2021), al implicar la identificación de
funciones tonales, progresiones complejas o modulaciones sutiles incluso cuando no son explícitas. En la
práctica, los alumnos con alta sensibilidad armónica suelen explorar sonoridades ricas y originales,
rehuyendo las secuencias de acordes previsibles y guiándose por un desarrollado instinto auditivo. La
historia de la música occidental ofrece numerosos ejemplos de esta inteligencia: Johann S. Bach integró
magistralmente el contrapunto con la armonía funcional; más tarde, Claude Debussy subordinó la función
tonal al color sonoro mediante escalas modales y acordes paralelos; y Arnold Schoenberg rompió con el
sistema tonal al introducir la organización dodecafónica. Todos ellos ilustran que la armonía, más que un
catálogo de acordes constituye un modo de pensamiento estructural con lógica interna propia. En efecto, la
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inteligencia armónica no se limita a nombrar acordes, sino que organiza lo simultáneo a partir del oído y de
la intuición estructural, algo observable tanto en las decisiones compositivas como en las interpretativas de
músicos con oído armónico entrenado.
Asimismo, la inteligencia rítmica ancla la experiencia musical en el tiempo y en el cuerpo. Se manifiesta en
quienes perciben con especial agudeza el pulso, la duración y la acentuación, llegando a concebir patrones
temporales antes que secuencias melódicas. Estos individuos estructuran sus ideas sonoras según esquemas
rítmicos, mostrando notable sensibilidad a desplazamientos de acento, cambios métricos o combinaciones
de subdivisiones; para ellos, el ritmo funge como el esqueleto sobre el que se articula el discurso musical. La
percepción rítmica involucra tanto mecanismos cognitivos como motores: escuchar patrones de pulso activa
no solo la corteza auditiva, sino también regiones cerebelares y premotoras, incluso sin mediar movimiento
corporal (Duman 2010). Este correlato neurofisiológico sugiere que el procesamiento rítmico compromete
una forma de inteligencia musical profundamente integrada con la motricidad y la anticipación temporal.
Además, estudios en desarrollo infantil indican que el entrenamiento sistemático en ritmo mejora la
coordinación motora y funciones ejecutivas como la atención y la resolución de problemas (Duman 2010;
Meza-Rico and Ammetto 2017), evidenciando que la competencia rítmica trasciende la ejecución musical en
e incide positivamente en habilidades cognitivas generales. La imaginación rítmica, por otro lado, ha sido
un rasgo definitorio de numerosos compositores: Igor Stravinsky o Steve Reich destacaron por la
complejidad y novedad de sus patrones rítmicos en el ámbito occidental, mientras que en muchas
tradiciones no occidentales el ritmo alcanza sofisticadas cotas de elaboración. Por ejemplo, los sistemas de
polirritmia africana exigen una elevada conciencia colectiva del tempo (Chernoivanenko et al. 2024), y en la
música clásica de la India la ejecución de ciclos tala extensos junto con la recitación silábica rítmica (konnakol)
demuestra un control temporal sumamente desarrollado (Clayton 2000). En el aula, la observación
pedagógica confirma esta diversidad de perfiles rítmicos: algunos estudiantes anticipan la forma musical
desde patrones de proporción temporal, otros interiorizan subdivisiones complejas o juegan con las
duraciones sin perder el pulso interno. En conjunto, la inteligencia rítmica integra percepción, memoria,
coordinación motora y análisis abstracto, potenciando no solo la expresividad musical sino también
competencias cognitivas de orden superior. Reconocerla en el contexto educativo resulta clave para valorar
la pluralidad de talentos y sensibilidades presentes en el aula.
De igual modo, se propone aquí la inteligencia mbrica como una dimensión distintiva, históricamente
subestimada por la pedagogía tradicional. Durante siglos, la enseñanza occidental centró su atención en la
melodía, la armonía y el ritmo, relegando el timbre a un plano secundario. Sin embargo, en la práctica
musical contemporánea se observa que ciertos estudiantes piensan el sonido primordialmente en términos
de color tímbrico: distinguen con fineza las cualidades sonoras de distintas fuentes, eligen combinaciones
instrumentales con criterio estético y despliegan su creatividad atendiendo a las texturas y espectros de los
sonidos. Esta forma de cognición musical, definida aquí como inteligencia tímbrica, implica la capacidad de
percibir, organizar y manipular el timbre como principal motor del discurso sonoro. El timbre es un
parámetro multidimensional estrechamente ligado a la emoción, la memoria auditiva y la imaginación
musical (McAdams 2013), por lo que esta inteligencia comporta no solo discriminación auditiva fina sino
también una codificación afectiva del sonido. De hecho, se ha demostrado que la percepción tímbrica activa
además de las áreas auditivas primarias circuitos neurales asociados al procesamiento emocional y al
reconocimiento de patrones complejos (Zhang et al. 2024). La investigación reciente explora cómo en la
aprehensión del timbre confluyen componentes emotivos, imaginativos y analíticos (Chernoivanenko et al.
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2024), reforzando la idea de que el timbre no es un atributo acústico meramente ornamental, sino un
portador de significado estético, simbólico y narrativo (Hailstone et al. 2009). Consecuentemente, la creación
musical ofrece abundantes ejemplos de inteligencia tímbrica: Claude Debussy, Edgard Varèse o Kaija
Saariaho, entre otros, concibieron el timbre no como adorno sino como fundamento estructural de sus
obras, explorando fronteras sonoras mediante nuevos instrumentos, tecnologías o técnicas espectrales
(Morrison 2021; Bernard 1981). En las prácticas no occidentales también se evidencia una elevada conciencia
tímbrica: el gagaku japonés otorga a la coloración instrumental un rol central en la arquitectura musical
(Giolai 2017), del mismo modo que el gamelán balinés se caracteriza por sutiles variaciones de ataque,
resonancia y afinación que definen identidades sonoras propias (Tenzer 2000). Desde la pedagogía, diversos
autores advierten la necesidad de integrar el trabajo sobre timbre en la formación musical, máxime en la era
digital donde las posibilidades mbricas son prácticamente ilimitadas (Silva 2023; Jiang et al. 2020). La
observación en el aula corrobora que algunos estudiantes improvisan desde los colores más que desde las
alturas, asociando emociones a texturas y estructurando sus ideas en función de contrastes tímbricos.
Reconocer académicamente esta inteligencia mbrica amplía el alcance del concepto de inteligencia musical
propuesto por Gardner y permite atender sensibilidades auditivas que durante mucho tiempo han
permanecido al margen del currículo convencional.
Finalmente, la inteligencia morfológica alude a la capacidad de concebir la forma musical global, es decir, de
imaginar y organizar la arquitectura profunda de una obra sonora. Quienes destacan en esta dimensión
anticipan puntos de giro formales y encadenan secciones con lógica narrativa, incluso manejando materiales
compositivos mínimos. En la práctica, estudiantes con tal sensibilidad logran estructurar sus composiciones
con claridad formal aun sin guía externa, lo que revela una comprensión holística de la música: son capaces
de prever desarrollos macroestructurales del discurso musical del mismo modo que se planifica la resolución
de un problema complejo. Esta habilidad para pensar la forma se ha relacionado con competencias
cognitivas de orden superior, como la planificación estratégica y la resolución de problemas, pues requiere
anticipar funciones y secuencias sonoras de manera análoga a diseñar soluciones estructuradas en otros
ámbitos (Sternberg and Kibelsbeck 2022). De hecho, muchos músicos operan con esquemas formales
(sonata, rondó, forma binaria o ternaria, etc.) como plantillas mentales que guían la composición y la
interpretación, utilizando dichas estructuras abstractas como herramientas cognitivas antes de
materializarlas en sonido. Es importante subrayar que la inteligencia morfológica no actúa aisladamente,
sino en sinergia con las dimensiones melódica, armónica, rítmica y tímbrica, conformando junto a ellas la
experiencia musical integral. En sintonía con planteamientos recientes que abogan por modelos dinámicos
y situados de la competencia musical (Lazarenko et al. 2019; Sustwillo 2016; Ribeiro-Daquila 2023), la
tipología flexible aquí propuesta no pretende atomizar la musicalidad, sino brindar una herramienta
operativa para reconocer y fomentar las diversas formas de pensar musicalmente. En conjunto, estos
hallazgos perfilan un mapa exploratorio de la inteligencia musical entendida como un conjunto de
competencias interrelacionadas y dinámicas. Tal comprensión pluralista ofrece bases más lidas para
diseñar estrategias pedagógicas sensibles a la diversidad cognitiva del alumnado y enriquece el debate
teórico-práctico en torno a la educación musical contemporánea.
5. Discusión
La propuesta de categorizar la inteligencia musical en subdimensiones diferenciadas melódica, armónica,
rítmica, tímbrica y morfológica surge como una respuesta a la necesidad de desagregar un constructo que,
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desde su formulación en la teoría de las inteligencias múltiples de Gardner (1983), ha sido tratado con una
notable ambigüedad conceptual. Si bien Gardner no niega la complejidad interna de cada inteligencia,
tampoco profundiza en una arquitectura funcional específica para la inteligencia musical.
Sin embargo, este intento clasificatorio no está exento de tensiones. Por un lado, la neurociencia
contemporánea ha demostrado que la actividad musical involucra regiones cerebrales ampliamente
distribuidas y funcionalmente integradas (Levitin 2014; Meza-Rico and Ammetto 2017). Esto refuerza la idea
de que la sica es un fenómeno multisistémico, difícil de dividir en componentes estancos. Desde esta
perspectiva, podría cuestionarse la validez de una tipología que postula dimensiones diferenciadas. Es
legítimo hablar de una inteligencia tímbrica separada de la melódica, cuando ambos procesos coexisten en
una misma experiencia auditiva.
En esta línea, la inteligencia melódica vinculada con la memoria tonal, el reconocimiento de motivos y la
organización de alturas encuentra un correlato empírico en estudios sobre aprendizaje de lenguas
extranjeras. Zybert and Stępień (2009) y Ribeiro-Daquila (2023) han demostrado que los individuos con
habilidades melódicas destacadas tienden a tener ventajas en prosodia, entonación y percepción fonológica.
Esto refuerza la idea de que ciertas dimensiones musicales activan competencias lingüísticas específicas, lo
cual justifica un tratamiento diferenciado dentro del constructo general.
En cuanto a la inteligencia rítmica, sus vínculos con la coordinación motora, la temporalidad interna y la
percepción del pulso han sido ampliamente documentados por autores como Blasco-Magraner et al. (2021),
especialmente en edades tempranas. No obstante, persiste una dificultad metodológica: los instrumentos
de evaluación rítmica tienden a centrarse en la ejecución técnica (precisión de pulsos, sincronización), sin
considerar otros aspectos como la flexibilidad expresiva o la interacción con estructuras métricas complejas.
En este punto, la experiencia docente acumulada en la enseñanza de Composición donde el ritmo es
muchas veces concebido no como secuencia mecánica, sino como dinámica estructural ha revelado
perfiles rítmicos muy diversos, difíciles de encuadrar en las pruebas tradicionales.
Otro caso es el de la inteligencia armónica, que plantea un desafío especial. La armonía, en tanto fenómeno
vertical, no solo implica reconocimiento de relaciones funcionales, sino también sensibilidad a la tensión y
la resolución, al color tonal y al movimiento interno de las voces. Esta complejidad hace que su evaluación
sea particularmente difícil en estudiantes no procedentes de una educación formal. Sin embargo, estudios
como los de Sternberg and Kibelsbeck (2022) ofrecen una orientación interesante al integrar dimensiones
creativas y analíticas dentro del aprendizaje musical. Su enfoque de la música como resolución de problemas
permitiría abordar la inteligencia armónica desde una perspectiva heurística, más cercana a la intuición del
estudiante que al análisis académico tradicional.
Por su parte, la inteligencia tímbrica y la morfológica siguen siendo las menos teorizadas en la literatura.
Aunque el trabajo de Chernoivanenko et al. (2024) subraya el papel del timbre en el pensamiento musical,
la mayoría de los enfoques pedagógicos continúan priorizando aspectos más fácilmente medibles como la
melodía o el ritmo. En la experiencia docente, no obstante, la sensibilidad tímbrica aparece como una
competencia autónoma: hay estudiantes que no destacan en aspectos formales o armónicos, pero poseen
una notable capacidad para organizar combinaciones instrumentales o jugar con los matices sonoros. Este
fenómeno, aunque observado empíricamente, carece aún de una validación teórica sólida, lo cual limita su
incorporación en currículos y evaluaciones.
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En cuanto a la dimensión morfológica, entendida como la capacidad para percibir y construir formas
musicales complejas, su lugar en la teoría sigue siendo marginal. Pocos trabajos la mencionan de forma
explícita, aunque es evidente que está implicada en la comprensión de macroestructuras compositivas. En
la enseñanza de la Composición, esta inteligencia se revela de manera clara cuando el estudiante logra
establecer relaciones de simetría, contraste, repetición y desarrollo entre las secciones de una obra, incluso
antes de dominar otros aspectos técnicos. Se trataría, por tanto, de una forma de pensamiento estructural-
musical que no depende exclusivamente del dominio armónico o melódico.
Frente a estos hallazgos, es preciso reconocer también las limitaciones de esta propuesta. En primer lugar,
como ya se ha dicho, no existen instrumentos empíricos que permitan validar con precisión esta tipología.
En segundo lugar, aunque el modelo aqexpuesto pretende superar el enfoque unitario tradicional, corre
el riesgo de caer en una atomización excesiva, si no se articula con una visión holística del fenómeno musical.
La propuesta, en este sentido, no debe entenderse como un mapa fijo, sino como una herramienta abierta
para la exploración, susceptible de ser corregida, ampliada o incluso contradicha por investigaciones futuras.
Cabe señalar que la focalización de la coordinación motora en la dimensión rítmica responde a una
delimitación analítica, sin desconocer el carácter transversal del cuerpo en la producción musical, lo que
constituye una limitación del estudio. Las afirmaciones sobre transferencia de habilidades desde la práctica
musical a funciones cognitivas generales deben entenderse de forma no determinista, ya que la evidencia
actual señala que dichos efectos son contextuales, mediadores y limitados, y no transferencias generales
automáticas. Las relaciones de transferencia descritas deben entenderse como efectos contextuales y
mediados por múltiples variables pedagógicas, evitando interpretaciones lineales o generalizables.
Es posible observar en la Figura 1 cómo ilustrar de manera esquemática la interacción funcional entre la
inteligencia musical y otras inteligencias, sin plantear relaciones causales directas. Otra de las formas de
interrelación ocurre en la capacidad de poner música a un texto, como sucede en la composición de
canciones o en la musicalización de poesía. Este tipo de actividad pone en juego simultáneamente la
inteligencia musical y la inteligencia lingüística, pues requiere tanto la generación de patrones sonoros
coherentes como la manipulación creativa del lenguaje verbal. Desde el enfoque de las subdimensiones
musicales, la composición musical con texto no activa una inteligencia musical distinta, sino que moviliza con
especial intensidad las dimensiones melódica, rítmica y armónica. Los compositores de canciones deben
poseer tanto habilidades auditivas como lingüísticas para que la música potencie el sentido del texto, lo que
demanda una sensibilidad melódica capaz de modelar la línea de canto de acuerdo con la prosodia de las
palabras. Además, se requiere precisión rítmica para adaptar los patrones acentuales del idioma al compás
musical, así como sentido armónico para reforzar el contenido emocional del texto a través de la progresión
de acordes.
En este tipo de tareas, la melodía suele adquirir un papel protagónico, ya que estructura el discurso musical
vocal y sostiene la expresividad del mensaje verbal. Como sugiere Levitin (2014), la línea melódica es uno de
los elementos más memorables y comunicativos de la música, y su articulación influye en la eficacia con que
se transmite el contenido emocional del texto. En consecuencia, la habilidad de combinar música con
palabras no debe entenderse como una forma paralela de inteligencia, sino como una manifestación
integrada y aplicada de inteligencias múltiples, anclada en el predominio de ciertas subdimensiones
musicales activadas en coordinación con el lenguaje.
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Otro caso de interacción intermodal entre inteligencias es la creación de música para imágenes, como ocurre
en el cine, el teatro, la publicidad o los videojuegos. Esta actividad requiere integrar la inteligencia musical
con la inteligencia visual-espacial, lo que implica traducir estímulos visuales en estructuras sonoras que
refuercen la narrativa, el ritmo escénico y la carga emocional del contenido visual. Desde la perspectiva de
las cinco inteligencias musicales diferenciadas, musicalizar una imagen demanda con frecuencia una fuerte
activación de la inteligencia morfológica, en tanto el compositor debe estructurar la obra según la lógica del
relato visual. Esto implica distribuir secciones, prever puntos de tensión y organizar repeticiones o contrastes
temáticos. A ello se suma la importancia de la inteligencia tímbrica, ya que la elección de colores sonoros
permite matizar las emociones o ambientes sugeridos por la imagen (Chernoivanenko et al. 2024). La
armonía, por su parte, cumple un papel expresivo crucial, ayudando a definir la atmósfera tonal de la escena
o a subrayar la evolución psicológica de un personaje.
Estudios como los de Silva (2023) han subrayado cómo la creación musical en entornos multimedia requiere
una manipulación sofisticada del timbre, muchas veces asistida por tecnología, lo que refuerza el valor
formativo de esta dimensión para la composición aplicada. Asimismo, desde la psicología cognitiva,
Sternberg (2021) ha argumentado que tareas como la composición de música para cine activan no solo la
creatividad musical, sino también el pensamiento práctico y analítico, ya que el compositor debe resolver
problemas de sincronía, intensidad y coherencia con la imagen.
La música para imagen no constituye una inteligencia musical independiente, sino una articulación funcional
de subdimensiones musicales (especialmente la morfológica, tímbrica y armónica), aplicadas a un contexto
visual mediante la colaboración con otras inteligencias. Esta visión compleja y situada responde a los
lineamientos tanto de la teoría de Gardner como del enfoque de la inteligencia exitosa de Sternberg and
Kibelsbeck (2022), donde la inteligencia musical se entiende no solo como un talento interno, sino como una
capacidad para adaptarse creativamente a contextos diversos.
Figura 1 Subdimensiones de la Inteligencia Musical y su interacción funcional con otras inteligencias.
Imagen generada con ChatGPT, noviembre 2025.
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Conscientes de las limitaciones de este estudio, surgen ciertos desafíos que deberán abordarse en
investigaciones futuras. Entre ellos, destaca la necesidad de avanzar en la operacionalización empírica de las
subdimensiones propuestas, procurando que dicho proceso no desvirtúe la complejidad y globalidad de la
experiencia musical. Asimismo, se impone la urgencia de formar docentes capaces de identificar y estimular
estos perfiles diferenciados, dotándolos de herramientas pedagógicas sensibles a la diversidad cognitiva.
Otro frente relevante se refiere a las implicaciones que este enfoque podría tener en los sistemas actuales
de evaluación del talento musical, los cuales tienden aún a privilegiar modelos homogéneos de competencia.
Este trabajo, lejos de ofrecer certezas cerradas, propone una base conceptual abierta desde la cual seguir
reflexionando sobre la inteligencia musical con mayor riqueza, pluralidad y coherencia con las prácticas
educativas, interpretativas y creativas del presente.
6. Conclusiones
La presente propuesta de subdivisión de la inteligencia musical en cinco dimensiones melódica, armónica,
rítmica, tímbrica y morfológica se articula como un intento por aproximar el concepto de inteligencia
musical a la complejidad real de la experiencia sonora, pedagógica y compositiva. Frente a una tradición que
ha tratado esta inteligencia como unívoca, genérica y de difícil aplicación, este trabajo sostiene que
reconocer subdimensiones funcionales permite describir con mayor precisión las distintas maneras en que
los sujetos se vinculan con la música, la producen, la comprenden y la interpretan.
El modelo no pretende sustituir la formulación original de Gardner (1983), sino complementarla desde una
perspectiva situada, transversal y atenta a la diversidad de prácticas musicales contemporáneas. El análisis
de la literatura existente, en diálogo con aportes neurocognitivos y con la experiencia docente acumulada,
sugiere que cada una de estas dimensiones activa competencias particulares: la línea melódica como
estructura narrativa y emocional; la armonía como arquitectura vertical del discurso; el ritmo como matriz
temporal de la forma; el timbre como elemento expresivo con valor afectivo; y la forma como principio
organizador del desarrollo musical.
Desde un punto de vista pedagógico, esta tipología contribuye a enriquecer la enseñanza musical, al ofrecer
un marco conceptual que permite identificar con mayor claridad los perfiles cognitivos del alumnado y
adaptar las estrategias pedagógicas a dicha diversidad. Este enfoque puede favorecer procesos formativos
más inclusivos y respetuosos con las distintas formas de pensamiento musical, y constituye uno de los
aportes más sólidos del presente trabajo.
Asimismo, el estudio apunta a que estas subdimensiones no operan de forma aislada, sino que se entrelazan
en procesos complejos donde interactúan con otras formas de inteligencia, como la lingüística o la visual-
espacial. Prácticas como la musicalización de textos o imágenes ofrecen ejemplos concretos de estas
articulaciones, ampliando las posibilidades interpretativas y de aplicación de la teoría de las inteligencias
múltiples.
No obstante, el trabajo reconoce sus propias limitaciones. La propuesta carece aún de validación empírica
sistemática y debe ser comprendida como una construcción abierta, susceptible de ser afinada,
problematizada o contrastada con otros enfoques metodológicos. La operacionalización de estas
subdimensiones, su evaluación en el aula o su integración curricular son tareas pendientes que requerirán
investigaciones futuras, tanto cualitativas como cuantitativas.
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Por todo ello, esta tipología no debe asumirse como una clasificación cerrada, sino como un mapa
exploratorio útil para reconocer perfiles diversos de talento, diversificar las estrategias de enseñanza musical
y nutrir el debate teórico sobre la inteligencia musical en el siglo XXI. Pensar la música desde una pluralidad
de inteligencias no implica fragmentarla, sino asumir su complejidad estructural y su potencia formativa en
toda su riqueza.
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